
El 12 de abril, una joven (31) murió en Villa Devoto (CABA), al bajar del colectivo de la línea 134. Su mochila quedó enganchada, al cerrarse la puerta mientras estaba bajando, y ella cayó al asfalto. El chofer reanudó la marcha sin ver lo que sucedía, y la atropelló. Días después, en Villa Fiorito (PBA) un nene (5) fue arrastrado por un colectivo 283, tras quedar enganchado en la puerta mientras descendía junto a su abuela. La puerta se cerró antes de tiempo y el chico quedó atrapado por su mochila. El chofer no lo vio, arrancó con el niño enganchado y lo arrastró varios metros sobre el asfalto. El niño sobrevivió con politraumatismos y quemaduras.
La reacción de los lectores en redes sociales ante estas noticias, reveló que estos hechos son frecuentes. Y se suman a otros sufrimientos cotidianos de los usuarios. De acuerdo a las 36.079 denuncias recibidas en 2025, de usuarios de líneas de colectivo por la CNRT (Comisión Nacional de Regulación del Transporte), durante 2025, de usuarios a líneas de colectivo, las que involucran a los choferes se concentran en cinco:
Estos choferes que causaron la muerte de una joven, y lesiones a un niño de 5 años, reanudaron la marcha sin verificar que el descenso haya finalizado por completo. ¿Estaban distraídos? ¿Tal vez mirando el celular? ¿Apurados? Resulta fundamental la atención constante del chofer durante su recorrido y en el ascenso y descenso de pasajeros. Y la atención de las empresas y autoridades para que su desempeño no ponga en riesgo a las personas.

El sistema de transporte público automotor moviliza a 5.000.000 de pasajeros por día en el AMBA (Ciudad de Buenos Aires y Gran Buenos Aires). Pero está en crisis desde hace años y los pasajeros son sus principales víctimas.
Sus unidades, sin contar los recortes más recientes por reclamos de aumentos y pagos de subsidios, vienen reduciéndose: en marzo de 2026 circulaban 16.989 unidades en el AMBA, contra 19.348 en noviembre de 2019. Y los pasajeros sufren el impacto de un peor servicio: frecuencias más espaciadas, con colectivos que vienen cargados, que no siempre se detienen en las paradas, y cuando lo hacen, apuran el arranque para compensar las demoras de un tránsito cada vez más complicado de automóviles, motocicletas, bicis y monopatines eléctricos en menor medida, muchos de los cuales son la consecuencia del empeoramiento de servicios del transporte público de colectivos y trenes.
No obstante, nada justifica poner en riesgo la vida de los pasajeros y los demás usuarios de la vía pública. Para lograr choferes profesionales seguros, es fundamental que las empresas de transporte de pasajeros, y las autoridades nacionales y locales, realicen todas las acciones necesarias de capacitación, de control y de sanciones a los infractores. Los choferes de colectivos, que diariamente trasladan a millones de personas, no deben ser causantes de siniestros viales.

El Código de Tránsito y Transporte de la Ciudad de Buenos Aires, y la ley Nacional de Tránsito Nº 24.449 (Art 54), a la cual adhiere la Provincia de Buenos Aires (Ley 13927), establecen las obligaciones de los choferes de colectivos.
Se destacan:
Más allá de la responsabilidad de las empresas en relación con la calidad del servicio y la supervisión del cumplimiento de las normas de tránsito por parte de los choferes, y de las autoridades de CNRT, de CABA y Provincia de controlar y sancionar a quienes las incumplen, ¿Por qué dejamos que nuestros choferes conduzcan usando el celular, que vayan rápido, que no respeten el semáforo? No esperemos a sufrir un siniestro de tránsito. Decirle que no lo haga, es prevenir hechos trágicos que pueden evitarse. Los pasajeros tenemos el derecho de exigir a los choferes cuando incumplen sus obligaciones y ponen en peligro la vida de todos.
Además, podemos movernos más seguros en colectivo, por ejemplo:
Los pasajeros de transporte de pasajeros podemos hacer más para movernos más seguros.
Fuentes y fotos: El Trece, La Nación, Portal Ciudad, La 100 FM, Clarín, C5N, El Doce TV